Son las 3.46 del domingo 3 de septiembre de 2017 y llevo prometiéndome que haría esto desde hace mucho tiempo, así que ha llegado el momento.
Este año ha sido uno de los más importantes de mi vida. Y cuando digo año debería limitarlo a curso: desde septiembre del 2016 hasta finales de agosto de este año, es decir, hasta hace tres días. Además, éste verano ha sido el más importante de mi vida. No me puedo atrever a decir el mejor curso o el mejor verano, pero sé que estos últimos doce meses he conseguido conocer muchas cosas y aspectos sobre mí y mi circunstancia, y que mi mirada y mi pensamiento han cambiado simultáneamente, o se han visto obligados a cambiar, pero me alegro mucho de que esto haya ocurrido.
2º de Bachillerato ha sido un curso bastante interesante de analizar. De lo que es en sí el curso no voy a hablar la verdad. Pensé que sería interesante plasmar mi punto de vista sobre este último año pero mi único consejo es que si de verdad vales para estar ahí, es decir, si has conseguido llegar sin dificultades en ningún otro curso, te lo vas a sacar sin problemas. Y la selectividad tambien. Prometido.
Segundo de Bachillerato no ha sido intenso por el curso en sí, no. Cuando pienso en el primer día de segundo lo veo como un acontecimiento lejanísimo. Me cuesta pensar que haya pasado solo un año. Y a la vez todo ha pasado volando desde ese día. ¿En qué momento he parpadeado y estoy entrando a la Universidad en menos de 48 horas? Hola. Hola. Adios Y esta lejanía que siento con respecto a ese día es porque como ya he dicho con anterioridad, yo y mi circunstancias han cambiado.
En 2015, escribí y guardé en una cajita, todas las cosas importantes que me pasaron durante ese año. Y hubo unas cuantas. Y este año quise hacer lo mismo pero al final se ha quedado en un intento fallido. Así que la acabo de abrir para estar documentado de mi realidad, y he flipado muchísimo con lo que he leído. Pero he flipado más con mi capacidad de predecir el futuro. Pero a lo que ibamos, hablemos de mi realidad y no de mi clarividencia.
El 1 de Enero yo creía en mi interior que tenía trece "amigos". Lo pongo entre comillas no con rintintín, sino porque el concepto de amistad que tengo en este momento es muy diferente al que tenía por aquel entonces para llevar a cabo esa agrupación. Pero de eso ya hablaré luego.
Sin embargo me alegra saber que de entre esos 13 "amigos" están todas las personas que me gustaría llevar conmigo a esta nueva etapa (Aunque tambien me ha dado pena ver que durante estos ocho meses no se ha incorporado nadie nuevo)
Mis relaciones de amistad se han mantenido prácticamente estables en cuanto a la aparición o desaparición de personas. Es cierto que algunas han cambiado mucho desde Año Nuevo, y que ha habido una baja bastante impactante, y en principio inesperada, pero así es como se desarrollan las cosas y no me desagrada nada su evolución. Todo pasa por algo.
En la vida creo que soy una persona por lo general curiosa, observadora e inteligente socialmente hablando (Este último adjetivo es una opinión personal, pero muchas situaciones me han dado la razón asi que voy a creerlo así, por algo me interesa y voy a estudiar Políticas y Sociología) y por ello analizo muchas cosas que en apariencia la mayoría de la gente parece ni reparar en ellas. Hay veces que me gusta estar pensando, en plan reflexivo y puedo llegar hasta a pasarmelo bien haciéndolo (esto solo pasa en dos situaciones: cuando estoy en la cama intentando dormir o en otra circunstancia que debo omitir por posibles lectores que haya).
Entre esas cosas en las que reparo y analizo, está la variedad, cambio y movimiento migratorio que he experimentado con mis amistades a lo largo de los años: Durante la etapa del colegio cambiaron. Pero desde que entré al San Nicasio (mi instituto) en 2011, hasta que salí de él hace cuatro meses, me he cruzado con muchísimas personas en mi camino. Y sobre todo desde tercero de la ESO, momento y curso en el que creo que comenzó mi adolescencia como tal (los dos años anteriores habían sido de preparación).
He sido como un pajarito sobrevolando distintos nidos, donde dejaba caer plumas, un trozito de mí, (como mola la metáfora, jeje). Pero muchas de esas plumas ya volaron de los nidos.
Sinceramente estoy muy contento de toda la gente con la que me he juntado a lo largo de estos años. Los que bien, los que mal, los que siguen, los que se van, los que no quisieron que esté, y los que no quiero que estén.
Todos me han aportado en su momento cosas positivas y de todos puedo sacar una gran lección. A veces una lección para mi yo, otras para mi circunstancia, y unas últimas para la vida. De los aciertos se aprende, pero de los errores se aprende muchísimo más. Asi que gracias a todos esos errores que habéis pasado por mi vida.
Me encuentro en un momento en el que no tengo ganas de sentir odio, desprecio o rencor por nadie. Creo que es suficiente con sentir indiferencia o insignificancia por aquellas personas que pudieron importar en su momento e hicieron daño. Y por eso mismo, siempre he estado y seguiré estando abierto a tener conversaciones para quién las quiera tener, y solucionar problemas que pudieron no erradicarse en su momento. Sin embargo, con honestidad admito que estoy dispuesto a esto, por mí. Es decir, no me importaría hacerlo por mí. Porque sí. Porque creo que es la mejor forma de desprenderme de cualquier sentimiento negativo o de rencor (si los hubiese) que pudiera albergar. Pero no lo hago para volver a ser lo que una vez fuimos. No es esa mi intención con esta carta blanca.
Otra de las cosas que he descubierto este año es cómo es la definición que yo aplico al término amistad, y todas las cosas que he aprendido sobre ella. Para mí hay tres clases de amigos:
La primera. La de amigos. La de amigos amigos. Los que los refranes te dicen que se cuentan con los dedos de una mano.
La segunda. La del resto de amigos. Ésta es la última clase en la que de verdad las personas que la componen son amigos. Por cosas de la vida no están en el primer grupo pero me aportan, entre muchas otras cosas colectivas e individuales, confianza y comodidad (dos aspectos muy importantes de los que hablaré ahora)
Y la tercera y última clase. Aquí están amigos de amigos, compañeros, gente que aunque no tenga un vínculo tan estrecho con ellxs, si alguien me pregunta ¿quién es?, yo contestaría: un amigx míx. Aquí no está incluida cualquier persona que me caiga bien eh, no confundamos amigo con conocido.
Aparte de esta pluralidad de significados que aplico a la palabra amistad, tambien he aprendido muchas cosas sobre ella, y con ello, muchas otras tantas sobre mí.
En las relaciones personales (no solo de amistad sino tambien familiares y amorosas) puede suceder a veces, que se construya una dependencia emocional de una persona con otra. Esto es algo que no me gusta que ocurra. Por lo menos que me ocurra a mí. Ni yo depender de nadie, ni tener a nadie dependiendo de mí. La primera situación me produce ansiedad, y la segunda me agobia exageradamente. Cuando esta dependencia se convierte en algo obsesivo, y empieza a suponer un riesgo para la propia salud mental, entonces ya no hablamos de una relación de dependencia, sino de una relación tóxica. Las cuales hay que cortar de raíz o terminarán por consumirte.
Para mí hay dos cosas que son básicas para conectar con una persona. Dos cosas que valoro por igual en todas mis relaciones de amistad (aunque con cada persona tienen efectos diferentes), y que por tanto para mí son las más importantes.
La comodidad de ser con alguien y no de estar con alguien. Con cuántas personas estamos y sin embargo con qué pocas somos
Y la confianza. La confianza este año me ha abierto los ojos en muchísimas cosas. No solo la confianza que yo he podido depositar en otras personas, sino el concepto en sí. La sinceridad. El falseo.
Diría que me cuesta confiar en la gente pero es mentira. Sin embargo decir que soy un confiado tambien lo es. Hay personas y personas. Gente que inspira confianza en dos días y gente que después de dos años sigue provocandome desconfianza. Nos movemos y actuamos en base a vibraciones que sentimos y percibimos sobre los demás.
Este año he jugado mucho con la sinceridad. Y me ha resultado un arma de doble filo. Me considero una persona bastante sincera aunque algunos falsos opten por llamarme falso. Esa misma sinceridad que ha conseguido arrancar de mí confesiones inevitables, intentos de solucionar problemas, o de aclarar ideas; también me ha supuesto unos efectos colaterales que a primera vista sólo han sido negativos (pero qué como a todo, le he conseguido sacar su parte positiva y útil para seguir aprendiendo)
La sinceridad es algo que todos rogamos a los demás, pero que cuando nos la encontramos de cara y sin esperarnosla, incomoda. Creo que he provocado una gran cantidad de situaciones comprometidas con mis palabras éste año, (el alcohol ha influido mucho en esto, la verdad. La frase "los niños y los borrachos siempre dicen la verdad" podría confirmarse tras mis experiencias), pero para mí esas conversaciones nunca han sido incómodas. Me ha gustado tenerlas. Para algunos, muchas de las conversaciones que he tenido es de "estar rayado", "son innecesarias" o no le han dado el valor y la importancia que yo si le he llegado a dar. Pero para mí no es así, y durante mucho tiempo he estado creyéndomelo. Porque he permitido que las opiniones de otros influyesen en las mías, sobre mi mismo. Pero ya no.
Por eso también me ha dolido descubrir que muchas de las cosas que me han podido doler, molestar, rayar o enfadar con otras personas, han sido por mi entera culpa y en ningún momento por la suya. El error ha sido siempre mío pero no lo he podido ver bien hasta este verano. No lo he podido saber con certeza hasta que han pasado X cosas, que han desembocado en otras Y, y han acabado formando una situación Z.
El error ha sido siempre mío porque durante mucho tiempo he ubicado a gente que ahora está en la segunda clase de amigos, en la primera. Hoy me sobran dedos de una mano donde antes me hacían falta más de dos.
Y eso me gusta. Me encanta en el fondo. Porque me siento muy estúpido e inmaduro en muchas situaciones en las que he dado importancia a conflictos con personas que no la tienen, por ello me alegra saber que la culpa ha sido mía. No deberíamos valorar a quien no nos valora. Y con la misma mentalidad debemos responder ante sus actos.
He perdido el interés en muchas conversaciones porque no me gusta el puerto al que son dirigidas. No me gusta la gente que influye exteriormente en ellas y que sólo sabe contaminar las aguas. Me he excusado y abierto en canal en situaciones que no merecían la pena, porque o bien esas personas no merecen la pena, o bien porque mientras lo he hecho, a la única persona a la que le afectaba o importaba de algún modo esas palabras era a mí. Por eso no quiero cometer estos mismos errores. Estoy viendo muchas similitudes entre mi pasado y mi presente de piedras con las que estoy volviendo a tropezar. Pero de verdad que estoy contento con todo lo que se me está revelando y con mi forma de canalizar lo que pasa a mi alrededor. Hay algunas piedras que ya he sabido catalogar y sé que si las encuentro en mi camino, haré todo lo posible por bordearlas y no cruzarme con ellas.
Y luego están las otras piedras. Que para cuando te has querido dar cuenta de que estaban, tienes una roca gigante aplastándote encima y lo único que puedes hacer para deshacerte de ella es esperar. Con esas espero no volver a toparme. Por mi bien. Y por mi seguridad.
Me gusta el viaje que he emprendido hace poco. Me ha costado mucho llegar a este momento y por eso ahora quiero exprimirlo y tengo como la necesidad de dejar constancia de ello en todos los sitios. Por si en algún momento el avión baja a tierra porque está cansado y necesita repostar combustible, que vea que una vez supo volar y que puede volver a hacerlo.
Este año he descubierto la lección más importante que voy a aprender en la vida. Estoy a punto de desvelar el secreto de mi aprendizaje y la esencia en la que a partir de ahora quiero que estén envueltos el resto de mis días. Y es que soy la persona más importante que voy a tener nunca. Soy la persona que más me puede llegar a querer nunca. Y por eso no puedo permitir infravalorarme nunca. No puedo permitir mirarme al espejo y no gustarme. No puedo pensar que mañana despertaré siendo alquien que no sea yo, y por eso mismo, como no podemos cambiar quiénes somos, tenemos que construir cómo queremos ser.
No modificar mi personalidad, por supuesto. Pero sí la mentalidad, las ideas preestablecidas que tengo asentadas en mi cabeza, los prejuicios, los problemas, los complejos, la forma que tengo de ver el mundo, a las personas que lo forman, y lo más importante: la forma de verme a mí.
Éste discursito hubiese sido genial hace dos semanas, cuando mi autoestima nunca se había encontrado tan alta, y consecuencia de ello fue ésto
Quería que si algún día me encontraba sin combustible, y sin ganas de volver a hacer despegar al avión; saber que hubo un día en el que ese avión supo lo que era el cielo. Me ha gustado la sensación. Me ha gustado mucho la sensación de mirarme al espejo y gustarme. Y me ha gustado mucho más, la sensación de mirarme al espejo y gustarme no solo por lo que reflejaba el cristal. Y sienta muy bien cuando no tienes esa sensación todos los días.
Estoy muy orgulloso de que aunque las opiniones sobre mí de personas cercanas puedan influenciarme; las únicas que pueden hacerme daño son las mías propias. Por eso me gusta la mentalidad que estoy trabajando por conseguir. Por mí.
Mi último año de instituto finalizó hace cuatro meses. Mi primer verano como mayor de edad ha concluido y con él todas las experiencias por las que he estado comiéndome la cabeza meses: La graduación. La selectividad. Mallorca. El Arenal Sound. Mi cumpleaños... y todas ellas ya forman parte del pasado. Un capítulo muy importante concluye dejando paso a otro que se postula como buen adversario de su predecesor. No quiero llenarme la cabeza con expectativas de la nueva etapa que va a comenzar. Solo pido que me sorprenda. Eso es todo.
Quiero seguir desnudándome conmigo mismo. Quiero seguir conociéndome. Hallando nuevas cosas que desconocía por completo de mí. Quiero seguir leyendo libros que me abran la mente. Y no solo la mente, sino también la vida. Que me hagan replantearme todo. Que destruyan todos los conocimientos que he diagnosticado como verdaderos sin ni siquiera saber sus fundamentos. Que me hagan pensar. Que me hagan filosofar.
Anoche escribí que esta entrada había terminado de ser escrita a las 6.44 de la madrugada. Porque así fue. En el bloc de notas del móvil. Pero mentiría si afirmo que al pasarlo a ordenador, la redacción no ha sufrido varias modificaciones. Porque así ha sido.
Termino oficialmente esta carta de reflexión a las 18.28 del mismo día. Creo que esta entrada ha podido ser bastante poco interesante a no ser que te hayas podido sentir aludido en algún momento leyendo esto, pero no lo ha sido para mí. Me ha gustado plasmar en el blog todas las cosas que ahora mismo bailotean por mi mente.
Siento no haber escrito durante tanto tiempo pero os aseguro que sigo igual de motivado que el primer día. Tengo muchísimos temas sobre los que quiero explayarme y ahondar, pero no he conseguido sentir la inspiración para hablar de ellos como la tuve con la entrada anterior. Pero prometo que acabará llegando. Porque todo llega.
Gracias por leerme y, ¿feliz Septiembre?






